En Atenas, la familia y los amigos comparten un plato de trigo cocido. En Estambul, se reparte helva, un dulce, entre invitados y vecinos. También en El Cairo y en Moscú, los parientes vuelven a la casa de alguien que murió hace cuarenta días. Rezan, cocinan y abren la puerta a las visitas una vez más.

Cuatro ciudades, cuatro idiomas, dos religiones y el mismo número. Nadie lo acordó en una reunión. Entonces, ¿de dónde salió el cuarenta?

Ilustración en naranja, negro y blanco: una familia de cuatro camina por una calle estrecha de casas altas con balcones de madera; los padres llevan platos tapados, y al fondo, entre la bruma, se ven minaretes y una cúpula.
Con los platos en la mano, camino a una reunión familiar.

Una primera pista: en el mundo bíblico, el cuarenta era menos una cifra que una forma de decir «mucho tiempo».1 Esta historia sigue esa costumbre desde el antiguo Egipto hasta un puerto del Adriático, y hasta una palabra que todos conocemos: cuarentena.

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El día cuarenta

Empecemos por la Iglesia ortodoxa. Cuando muere un cristiano ortodoxo, se celebran oficios en su memoria al tercer día, al noveno y al día cuarenta.2 Después, la familia y los amigos comparten un plato de trigo cocido, la kollyva.34

Ilustración: un tazón blanco y ancho de trigo cocido, decorado con almendras y semillas naranjas, junto a una vela encendida sobre una mesa de madera; alrededor, personas sentadas en la penumbra.
Trigo cocido y una vela en una mesa de conmemoración.

Los días se cuentan desde la muerte misma.5 En griego, la conmemoración se llama simplemente ta saránta, «los cuarenta».6 En ruso también toma su nombre del número: sorokoviny, de sorok, cuarenta.5

Los maestros ortodoxos explican su sentido. Muchos creen que el alma se prepara durante cuarenta días antes de presentarse ante Dios.7 El día cuarenta también recuerda la Ascensión, que el libro de los Hechos sitúa cuarenta días después de Pascua.58

La costumbre es antigua. Las Constituciones apostólicas, normas de la Iglesia escritas en Siria a finales del siglo IV, ya mencionan los días tres, nueve y cuarenta. Para el último, remiten al «antiguo modelo» del luto por Moisés.9

En realidad, el Deuteronomio da treinta días de luto por Moisés,8 y algunas copias antiguas de las Constituciones dicen «trigésimo».10 El cuarenta quizá recuerde otro luto, el del Génesis, que veremos enseguida. En todo caso, treinta y cuarenta ya se intercambiaban, y el cuarenta parecía el número correcto.

Su cuarenta

Ahora crucemos a Turquía. Cuando alguien muere allí, las familias conmemoran su kırkı, «su cuarenta». Se lee el Corán completo, se recitan oraciones y se reparte helva entre invitados y vecinos.11 En Egipto y en todo el mundo árabe, la reunión se llama al-arba'in, «los cuarenta».12

Ilustración: unas manos remueven helva dorada en una sartén oscura sobre una estufa de gas; al lado, una bandeja redonda con platitos de helva cubierta de nueces y vasitos de té en forma de tulipán.
Helva, hecha para repartir.

Ni el Corán ni los hadices fijan esa fecha.12 Un hadiz limita a tres días el luto formal de una mujer, salvo por su esposo.13 Así, el día cuarenta surgió como costumbre. Las familias lo llenan de Corán, oración y caridad por su ser querido, y los sabios tienen opiniones distintas sobre fijar esa fecha.1112

Para muchas familias, el día cuarenta también da forma al duelo: un tiempo para reunirse, rezar por los difuntos y volver a empezar.

No todas las tradiciones eligieron el cuarenta. En el luto judío, los primeros siete días son la shivá, y un luto más amplio, el shloshim, dura treinta días,14 los mismos treinta que el Deuteronomio da por Moisés.8

Más antiguo que todos: Egipto

Los primeros cuarenta días ligados a una muerte en la Biblia están en el Génesis, y la Biblia los presenta como una costumbre egipcia. Cuando Jacob muere en Egipto, el Génesis dice que su embalsamamiento duró cuarenta días, el tiempo habitual, explica, para embalsamar. Y los egipcios lo lloraron setenta días.8

Cuarenta días y cuarenta noches

No es ni de lejos el único cuarenta de la Biblia. Aparece tanto que tiene su propia expresión: «cuarenta días y cuarenta noches».8

En el relato del Diluvio llueve cuarenta días y cuarenta noches. Y cuando por fin asoman las cimas de los montes, Noé espera otros cuarenta días antes de abrir la ventana del arca y soltar aves en busca de tierra seca: primero un cuervo, luego una paloma.8

Moisés pasa cuarenta días y cuarenta noches en el monte Sinaí. En los Evangelios, Jesús ayuna en el desierto cuarenta días y cuarenta noches.8

Luego llegan los cuarenta años. Los israelitas vagan por el desierto cuarenta años, y cuarenta años pasan a significar una generación.81

El Corán también habla de estos cuarentas. Da a Moisés treinta noches en el monte y luego diez más, hasta completar cuarenta.15

Más tarde, los cristianos basaron en estos cuarentas todo un tiempo litúrgico. Un ayuno antes de Pascua se menciona por primera vez hacia el año 325, en el Concilio de Nicea, aunque no está claro que ya durara cuarenta días. A comienzos de los años 330, un ayuno de cuarenta días aparece descrito con claridad. Ese tiempo se convirtió en la Cuaresma, inspirada en los cuarenta días de Jesús en el desierto.16

¿Por qué cuarenta?

¿Y por qué cuarenta? Para la mayoría de los estudiosos, el cuarenta es el número bíblico habitual para un periodo largo: una generación, una larga prueba, una etapa completa.1 Por qué justo cuarenta, nadie lo sabe con certeza. Pero sí podemos ver cómo se usaba.

No solo en la Biblia. Hacia el 840 antes de Cristo, Mesha, rey de Moab, grabó una estela de victoria. En ella dice que Israel ocupó parte de su tierra cuarenta años,17 y la mayoría de los estudiosos lo leen también como una cifra redonda.18

Piensa en cómo decimos «una docena» o «cien veces». Nadie está contando. El número solo quiere decir «mucho». El cuarenta cumplió esa función durante mucho tiempo.

Cuarenta pies, cuarenta columnas

Aún se oye en palabras cotidianas. En turco, el ciempiés se llama kırkayak, «cuarenta pies».19 En ruso es una sorokonozhka, «cuarenta patas», y el ruso tiene otra palabra para los ciempiés y sus parientes, mnogonozhka, que significa simplemente «muchas patas».20 Cuarenta y muchas, lado a lado.

El inglés y el español fueron más lejos: centipede, del latín, y «ciempiés» significan «cien pies». En realidad, los ciempiés tienen de treinta a casi cuatrocientas patas. Y como siempre tienen un número impar de pares de patas, nunca son exactamente cien.21

En Isfahán, en Irán, un pabellón palaciego de 1647 se llama Chehel Sotoun, «Cuarenta Columnas». Tiene veinte columnas de madera. La explicación habitual es que el largo estanque de enfrente las refleja, y veinte se vuelven cuarenta.22

Ilustración: un pabellón de techo plano sobre esbeltas columnas de madera, al final de un largo estanque rectangular que refleja las columnas al revés; algunos visitantes pasean por el borde entre árboles otoñales.
Un pabellón y su reflejo: veinte columnas que parecen cuarenta.

Y en 1709, un narrador de Alepo llamado Hanna Diyab contó un cuento en París al erudito francés Antoine Galland, que lo puso por escrito. Lo conoces como Alí Babá y los cuarenta ladrones.23

Un fardo de pieles

¿Recuerdas sorok, el cuarenta ruso? La mayoría de las lenguas eslavas expresan el cuarenta como «cuatro decenas». El ruso no. En la Rus medieval, un sorok era un fardo de cuarenta pieles de cebellina o de marta, una unidad estándar del comercio de pieles.24

Ilustración de una calle de mercado nevada con casas de entramado de madera: sobre un mostrador hay un fardo de pieles oscuras atado con una cuerda y una etiqueta en blanco, mientras una figura con un abrigo de piel naranja mira más pieles en un puesto.
Un fardo de pieles atado en un mercado de invierno.

Parece que la palabra comercial acabó siendo el número. Si es así, es un número prestado en el sentido más literal. Sobre el origen de la palabra misma, los lingüistas aún discuten.24

Cuarenta días después de un parto

El cuarenta no solo sigue a la muerte. En muchas tradiciones, también sigue al nacimiento.

En el Levítico, tras el parto, la madre tiene siete días de impureza y treinta y tres de purificación: cuarenta en total tras un niño, y ochenta tras una niña.8

Por eso, en el Evangelio de Lucas, Jesús es presentado en el Templo a los cuarenta días.8 Las iglesias ortodoxas aún bendicen a la madre y al bebé hacia el día cuarenta, y la fiesta de la Presentación cae el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad.253

En el derecho islámico, muchos sabios, incluida la escuela que se sigue en Turquía, fijan cuarenta días como máximo para contar el sangrado posparto.26 Otros admiten hasta sesenta.27

En turco, la misma palabra marca ambos extremos de la vida: cuando la madre y el bebé ya pueden salir de visita, han «cumplido su cuarenta».1128 En México y gran parte de América Latina, las semanas después del parto son la cuarentena, de «cuarenta», un tiempo de descanso mientras la familia se ocupa de la casa.29

Ilustración: una madre joven, sentada en la cama bajo una cobija a cuadros, sostiene a su recién nacido, mientras una mujer mayor de pelo blanco le trae un tazón humeante en una bandeja.
Descanso después del parto, mientras la familia se ocupa de la casa.

Tampoco aquí todos eligieron el cuarenta. En China, la tradición es «sentarse el mes»: normalmente unos treinta días.30

El puerto que inventó la cuarentena

El cuarenta más famoso de todos viene del mar.

En 1377, cuando la peste seguía volviendo a Europa, la ciudad-república de Ragusa, hoy Dubrovnik, en la costa del Adriático, aprobó una norma nueva. Los barcos y viajeros que llegaban de zonas con peste debían esperar un mes aislados antes de entrar en la ciudad. Los historiadores lo llaman trentino, «el treinta».3132

Ilustración de una ciudad portuaria amurallada, con tejados naranjas, torres redondas y un campanario sobre una costa rocosa; los veleros esperan mar adentro y pequeñas barcas de remos cruzan el agua oscura.
Ragusa, hoy Dubrovnik, con barcos frente al puerto.

En pocas décadas, puertos de todo el Mediterráneo alargaron la espera a cuarenta días, quaranta giorni en italiano. De ahí viene la cuarentena.3332 Cada vez que la nombramos, decimos «cuarenta».

¿Por qué cuarenta? Los historiadores no están seguros. Quizá influyó la medicina hipocrática, que contaba el día cuarenta entre los días críticos de una enfermedad.3234 Quizá también los conocidos cuarentas bíblicos.31 El treinta y el cuarenta, intercambiándose otra vez.

El tiempo necesario

¿Qué tienen en común todos estos cuarentas? En el luto, en el ayuno, tras un parto y a la entrada del puerto, el cuarenta marca un periodo completo, una duración convencional para lo que no admite prisa.

Lo suficiente para llorar antes de seguir viviendo. Lo suficiente para descansar tras un parto. Lo suficiente para estar seguros de que un barco no trae peligro.

Ilustración: una vela encendida en el alféizar de una ventana al anochecer, junto a un calendario de pared con muchos días tachados en naranja; afuera, una familia camina por un sendero, y adentro, una persona está sentada a una mesa en la oscuridad.
Contar los días.

Así que, cuando una familia de El Cairo, Atenas, Estambul o Moscú pone la mesa el día cuarenta, mantiene viva una de las formas más antiguas que tenemos de decir: esto lleva tiempo.

¿Tu familia guarda el día cuarenta, u otro número? ¿Cuál, y dónde? Cuéntanos en los comentarios del video en YouTube.